¡Amnistía, amnistía, al Borbón que nos dio la vida!

| Luis Solana

Vivimos un tiempo donde es fundamental encontrar conjuntos de palabras que rimen y que permitan gritarlas en las calle y -sobre todo- ante las Fuerzas de Orden Público. Por cierto, un slogan que no vaya acompañado de quema de contenedores, parece que no es nada. Me gustaría que esta campaña (que ha provocado el diario El Pais con sorpresa general) llevase a un equilibrio entre partidarios y opositores.

Por supuesto, que me inspiro en la lucha de los delincuentes catalanes independentistas por su amnistía.

Pero me parece raro que se rompan cristales por la amnistía de unos organizados para romper España y sea sorprendente la falta de apoyo a un Borbón presunto delincuente, que siempre se jugó la vida por nuestra libertad democrática.

En Cataluña ha habido dirigentes que completaron sus éxitos políticos con capitales y rentas en Andorra o, en todo caso, fuera de la Hacienda.

Y se rompen cristales y más para lograr su amnistía.

Un Borbón (presunto delincuente fiscal) que ha ayudado a todos los españoles a vivir en Democracia, no tiene ningún manifestante pidiendo su amnistía.

Se queman contenedores para apoyar a un rapero (si el rapero es una buena persona que cree en la libertad, debería rechazar públicamente la violencia) pero nadie dice que el Borbón que se llevó dinero más de la cuenta nos ha dejado más libres que cuando él no estaba.

Que un presunto delincuente nos haya dado tanto nivel de libertad y democracia es complicado de entender. Pero habrá que esforzarse por explicarlo.

¿Hay más razones para violentar la vida general por la amnistía de unos catalanes o para hacer lo mismo con quien nos ayudó a tener tanta libertad como para que unos catalanes sean libres para romper cristales?

El 23F de 2021.

| Luis Solana

Un nieto, un poco cansado de tanto 23F en TV, preguntó: ¿tú estabas allí,abuelo? Y unos pocos abuelos hemos podido contestar: sí yo estaba allí.

Las TVs han mezclado algo que no es muy corriente en la História: amplias imágenes directas de un suceso de hace 40 años y numerosas opiniones emitidas al mismo tiempo de un acto solemne de recuerdo en el Parlamento.

Por cierto, hay debate sobre si el acto tuvo toda la grandeza del recuerdo que celebraba o era un exceso sobre algo que mejor ir olvidando. Se comprobó en vivo y en directo la variedad de opiniones que aquella fecha produce. Ha habido parlamentarios que no asistieron al acto. Ha habido representantes que han aplaudido a algunos personajes, menos al Rey. Y una mayoría ha saludado con sus palmas la buena noticia de que, gracias a ese día, hoy estamos en una España de alto nivel de Democracia y Libertad.

Lo que es imparable es el debate sobre lo que DE VERDAD ocurrió esa tarde-noche.

Y aquí aparece el famoso elefante indio y unos ciegos que iban contando cómo era un elefante según qué parte del animal tocaban: completo no podían verlo ni sentirlo. El famoso Elefante Blanco que citan algunos de los ocupantes del Congreso es ese mítico elefante de la leyenda india que cada uno cree que es como su sensación le demuestra.

Todo el día 23F de 2021 está siendo -en todos los medios- un continuo señalar actuaciones poco conocidas (o supuestas); posiciones cambiantes (o siempre cambiadas); personajes decisivos o comparsas; y siempre el Rey D. Juan Carlos de Borbón en el límite del escenario analizando sus gestos y tiempos.

Seguramente no es fácil, pero hay que intentarlo: la misma persona que detiene un golpe de Estado, puede llevarse un montón de euros ilegalmente y nada tiene que ver una cosa con la otra.

Hoy, si el Rey Juan Carlos hubiera estado en la cárcel por alguna apropiación indebida, yo hubiera estado maniféstándome al grito de ¡Viva D. Juan Carlos! en la puerta de la prisión.

Los silencios de Pedro Sánchez.

| Luis Solana

¿Pero que dices,Luis? Si no para de hablar públicamente en esta campaña catalana. Ya,ya, pero no comento esa actividad comunicativa, comento que, ya pueden ocurrir terremotos dentro de su Gobierno, que el Presidente no dice nada, no opina.

Usted y yo somos españoles (por un ejemplo) y llevamos una temporada oyendo a todo un Vicepresidente del Gobierno de España poniendo en cuestión, por ejemplo, la calidad democrática de España. Sí, del mismo país que vicepreside: o te vas a luchar contra esa situación o anuncias desde el propio Consejo de Ministros, que comienzas la lucha interna para mejorar esta Democracia. Y luego el Consejo de Ministros, (con su Presidente al frente) opinará.

No hay la menor duda de que el Presidente administra sus silencios de forma magistral. Magistral para mantener su figura política con escasas heridas, pero, los ciudadanos/as tienen/tenemos dudas y sólo estamos ya confiando en la inmensa buena suerte que nos demuestra en cada crisis el Presidente, Pedro Sánchez.Llevamos dos años tremendos, con España golpeada por una pandemia y una crisis económica, por deseos de unidad y manifestaciones de separatismo: todos los partidos políticos tienen crisis más o menos agudas: menos uno, el PSOE de Pedro Sánchez. Una mezcla de buen hacer, de disciplina germánica, de cultura oriental y de oportunidad le han originado una suerte política llamativa, justo en los tiempos de mayor desorientación desde hace años.

Pero la contrapartida empieza a ser inquietante: el silencio del capitán del barco. Uso este símil no por casualidad: en la marina siempre el capitán tiene la última palabra y da la última orden. Hoy España tiene debates tras debates en toda la bodega; pero en cubierta sólo se mira al capitán Sánchez. Hasta ahora. De repente, un contramaestre duda de algunas condiciones del barco y de la propia travesía. ¿Y el mítico Capitán? Calla.

Somos muchos los que estamos dispuestos a sufrir lo que toque en este barco, pero que empezamos a pedir a nuestro Capitán que diga algo. «Capitán: que que hay quien pone en cuestión tanto al barco como la travesía. Y usted, silencio».

Silencio.

¿En qué invertimos después de la pandemia?

| Luis Solana

Por supuesto: en los destrozos. Me explico. La pandemia ha dañado la economía en general y muchas pequeñas y medianas economías en particular. Reconstruir esas empresas será posible un muchos casos, pero en otros tantos, no. En consecuencia, acertar en inversiones de tipo medio después de la pandemia puede ser un éxito económico de primera categoría. Y una increíble reactivación económica.

Luego hay un sector entero que ya está en marcha y lo estará más muy pronto: electrónica, informática, automática, robótica… Un mundo que hemos visto su utilidad en vivo y en directo en tiempos de soledad y dudas.

Pero hay una novedad reciente que nos va a dejar un mundo cambiado: la biotecnología, la genómica, la vida.

Ahora nos enteramos que para salvarnos de un virus es mejor el ARN que el ADN. Que el ARN da ordenes a las células para que cumplan su papel. Y aquí estamos con esas vacunas y además nos anuncian batallas brillantes contra el cáncer.

Hay un mítico doctor P. Bock que en diciembre de 2019 se amputó un trocito de carne de un hombro y lo puso a cultivar con los métodos más modernos de entonces. A los pocos meses consiguió que sus células se hubieran convertidos en réplicas de sus células del cerebro. ¡El mundo del transplante ha adquirido proporciones impensables! Todo es investigar e invertir recursos.

Pero ¿esta capacidad de hacer reproducirse a las células no os apunta nuevos negocios? Figuraos un criadero de ganado que pacte con investigdores de ADN y ARN y ponga en un determinado laboratorio unos gramos de carne de una de sus vacas: en un tiempo corto allí habrá un kilo de carne de vaca exacta a la de los primeros gramos. Y, dentro de poco, nos anunciará que vende el kilo de vaca de primera calidad a un precio muy razonable.

He leído que las grandes fortunas americanas (Bezos, Gates) ya están invirtiendo en este novedoso y complejo mundo.

Por favor, inversores españoles: claro que hay que invertir en la revolución informática y su mundo; pero no os olvidéis de lo que puede cambiar la genómica: la vida misma.