¿Te interesó alguna vez la política internacional?

| Luis Solana

Ceuta y Melila en un atlas

Hoy te pregunto alguna cosa más: ¿tienes en casa un atlas comprado por ti? No, no me vale el que compraste para este examen o uno que compró tu padre cuando preparaba un viaje veraniego al Adriático, no. ¿Alguna vez has buscado dónde está Afganistán? Hemos leído y escuchado múltiples noticias donde los protagonistas eran soldados españoles en Afganistán «o por ahÍ «¿Te ha interesado buscar en qué parte del mundo están esos territorios? Y voy a más: ¿tienes alguna idea de quiénes vivieron allí hace 100 años?

Me parecería bien que desde hoy te empezases a interesar por los mapas del mundo, pero no te culpabilices de estos desconocimientos: España lleva unos 200 años en los que la política internacional no importa prácticamente nada. Terminábamos de recoger las banderas de Cuba y Filipinas y estallaba la 1ª Guerra Mundial. Nada que ver con nosotros. Andábamos vendiendo de todo a unos y a otros cuando empezaron los ruidos de la 2ª Guerra Mundial.

Pero logramos que nuestros problemas (que se parecían bastante a los europeos del momento) se aislasen y fueran convertidos en una Guerra Civil con todo tipo de vallas de separación: los problemas de España los resolvemos los españoles a tiros fratricidas. Y mientras tanto, todo el resto del mundo combatía por visiones políticas y económicas de alcance mundial. Menos España.

Cuando termina la 2ªGuerra Mundial, España tenía un encaje muy complicado en el Nuevo Orden Internacional. Pero una dictadura fascista descolorida no importaba mucho a los diseñadores de los nuevos mapas. Y nuevas complicaciones con una URSS a lo lejos no las quería nadie.

La Dictadura de Franco tuvo dos obsesiones internacionales: el comunismo en todo tiempo y lugar y Gibraltar según conviniera. Lo de la reivindicación del Peñón era algo que hacía sonreir a un analista internacional: los mejores puestos de trabajo de la zona de La Línea los conseguían los españoles en el Gibraltar británico. Pero cada cierto tiempo, los gritos de «Gibraltar español» entraban en algún programa. Y las posibilidades de recuperarlo por la fuerza eran nulas.

Ya no os acordareis, pero un día muchas cartas desde España estaban franqueadas con un sello que decía «Sahara Español«. Cartas con este sello las pusieron en circulación, empleados, funcionarios, militares y todo el que escribía en esos tiempos.

Y un día Marruecos organizó la «Marcha Verde». Un movimiento de masas pacífico que entró en «nuestro» Sáhara. Sin mucho ruido de armas, ningún soldado español quedó por aquellas tierras, que se dejaron a Marruecos y a unos ciudadanos decididos a crear allí su país. Allá ellos: nosotros a casa.

No entro en detalles de nuestra compleja relación con Marruecos, donde muchos soldados españoles tienen sus tumbas. Pero ahí están los residuos urbanos: Ceuta y Melilla. Dos ciudades tipo peñón de Gibraltar que fueron muy útiles en otros tiempos y que ahora tienen una escasísima utilidad. Digo «utilidad».

Para España, el Peñón es un permanente origen de papeleo europeo. Y así será para siempre (con s minúscula).

Para Marruecos, un paquete que incluya a Ceuta, a Melilla y al Sahara Occidental, es un apoyo patriótico de primer nivel. Y si se mantiene en una dictadura borrosa, mucho mejor.

Pues ya está: España va a tener serios problemas internacionales en Africa.

¿Le importaría al Gobierno incluir este asunto en la agenda principal? ¿Nos importaría a todos los españoles mirar bien los mapas para que no nos den demasiado susto un día de estos en «nuestro» territorio y en el vecino a Canarias?

Venga, llama a tu librería y pide un atlas de páginas grandes.

 

 

 

 

 

Ceuta, Melilla, Gibraltar: nunca cambiarán de soberanía.

| Luis Solana

Peñón de Gibraltar

Cuanto más pobre es un país fronterizo con un pequeño territorio que es soberanía de otro, más duras son las acciones para ocupar ese territorio. Yo no me puedo olvidar de los esfuerzos del régimen de Franco para conseguir que Gibraltar fuera español. Los que me lean con alguna edad lo recordarán. Los jóvenes que se encuentren con este blog me demandarán explicaciones para algo muy difícil de entender, aquí y ahora.

Hay que remontarse a la Historia, cuando los aventureros-viajeros necesitaban pequeños puertos para aprovisionar con seguridad sus naves. Los portugueses fueron maestros en esta estrategia. Alguna potencia mundial precisaba de puertos seguros para sus flotas civiles y militares, y buscaron puertos adecuados. Gran Bretaña, por ejemplo, necesitaba con urgencia una base para entrar en el Mediterráneo. Lo intentó con Menorca y con Gibraltar. Con Gibraltar pudo, con Menorca no: era conquistar tierra extranjera, no un simple puerto. Y así ha sido casi siempre.

España dominó el norte de Marruecos mucho tiempo y de distintas formas. Pero cuando alcanza su independencia, nada queda del territorio español salvo dos fortalezas portuarias: Ceuta y Melilla.

Marruecos reclama y reclamará siempre su soberanía sobre estas dos plazas, pero salvo una crisis bélica internacional, no veo ninguna posibilidad de que dejen de ser territorio español.

Y hay que convivir con inteligencia para que, con el paso de muchos años, las fronteras diluyan las diferencias y desigualdades y la sensación de frontera se vaya borrando. Pero insisto: salvo catástrofe militar internacional, las fronteras con esos pequeños territorios seguirán existiendo para siempre. Sabiendo lo que significan siempre en la vida de los seres humanos.

Recordemos Gibraltar. Ni siquiera durante la II Guerra Mundial se planteó más allá de un cerco de casamatas y cañones españoles, pero ni un intento serio de ocupación. No entro en ética ni estética de España en aquellos momentos. pero, entonces o nunca.

Ahora Gibraltar es un territorio británico con estupendas relaciones humanas con su entorno (y con algunas tentaciones para saltar aduanas). Pero jamás se dejará de hablar de soberanía española y de negativa británica. Si las economías española y británica cada día son menos dispares, el problema de Gibraltar pasará más y más a segundo plano. Pero siempre existirá.

Ahora, Ceuta y Melilla, son dos ciudades con una renta muy superior a su entorno y a los marroquíes les gusta vivir en esos pequeños territorios y a Marruecos le gustaría ocuparlos ya mismo. Pero no puede utilizar la violencia y utiliza y utilizará todo tipo de métodos para presionar a España y a las dos ciudades para que cambien de nacionalidad. Es un trabajo que tiene que hacer (como España reclamar Gibraltar), pero es igual de inútil tanto en un caso como en el otro.

La pequeña diferencia que puede existir por un tiempo, es que Inglaterra sabe de cómo manejar su Peñón y España está empezando a entender lo complejo de las políticas en y con Ceuta y Melilla.

Resumen para ahora: imposible cambiar fronteras, importante dejarlas muy claras y reforzarlas cuando preciso.

Los islotes nacionales.

| Luis Solana

Ceuta desde el mirador de Isabel II
Vista de Ceuta desde el Mirador de Isabel II

Estamos viviendo un caso típico de islote nacional y los problemas que puede originar: Ceuta. Los ejemplos son múltiples en la Historia y en la Geografía. Y su problemática, siempre complicada de resolver.

Así, a botepronto, se me ocurren los casos de Ceuta, Melilla, Gibraltar, Goa, Honk-Kong, Macao y seguramente, al leerlo se os hayan venido a la cabeza más casos en el mundo de islotes nacionales.

Casi siempre tienen un origen histórico perfectamente explicable. Digo más: el titular de la soberanía no tiene la menor duda de su nacionalidad. Pero una potencia que rodea a ese islote sostiene siempre que es de su soberanía y de su territorio. Problema sin solución si no aparece la fuerza militar. Así de complicado (de fondo) es el problema de Ceuta, o el de Melilla, o el de Gibraltar, por citar los cercanos.

¿No has oido nunca gritar «Gibraltar, español»? ¿Has dudado alguna vez de que Ceuta y Melilla son España? Atento: digo son España, no son españolas.

Ante un problema de esta categoría conviene tener claro que muchas gentes te entenderán mal en el mundo y que mantener esa soberanía será siempre complicado: al final hay que tener más poder que el otro.

España debería tener un debate permanente sobre Gibraltar. Y otro semejante en tiempo sobre Ceuta y Melilla.

Con Gibraltar, constante análisis de soberanía trampeante. En Ceuta y Melilla, refuerzo de murallas, muy buena cara con el vecino y paciencia. Sin un poder dominante muy claro, ninguno de estos problemas tiene solución. Podéis asomaros a estos islotes soberanistas en la geografía china para entender la complicada solución. Si es que hay que encontrar solución.

 

Escudos y logotipos: la importancia de definir.

| Luis Solana

Este texto va a tener un cierto aire personal, pero -como verá el lector- me resulta casi inevitable.

Uno de los éxitos de cualquier institución del tipo que sea, es que tengan una imagen que permita rápidamente a las gentes conocer qué quiere, por qué lucha, qué vende, qué sueña o cualquier meta que consideren su porqué de existir. Y en esta definición entran desde órdenes religiosas, hasta servicios a la comunidad, hasta negocios y empresas y hasta naciones. Todo grupo humano, del tipo que sea, es muy interesante que se autodefina con una simbología sencilla y comprensible. Así lo han entendido, por ejemplo, las naciones. Y desde hace tiempo, es muy importante para las empresas.

He tenido la suerte de haber vivido de muy cerca las modificaciones del Escudo de España y de la simbología de Telefónica. Un Estado y una empresa. En ambos casos al inicio de la década de los años 80 del pasado siglo.

Seguramente muchos políticos del inicio de la Transición no recuerden que la Constitución que juraron o prometieron tenía una portada con el Escudo de España definido por Francisco Franco. En la Constitución no se habla del Escudo de España (uno de los pactos para evitar problemas) pero todos los textos constitucionales y todas las banderas de España han llevado hasta el inicio de los 80 el Escudo que inventó el Gobierno de F. Franco.

Mi interés por la vexilología (atención a esta ciencia) me había llevado hacía tiempo a creer en la importancia de los símbolos y escudos. Y lo intenté con el de España. Trabajé intensamente y pude un día proponerle al dirigente socialista Alfonso Guerra, la idea y un diseño. Me consta que lo comunicó a un representante del Gobierno de aquel momento, Pérez Llorca, y se aceptó iniciar el procedimiento parlamentario.

El día 18 de Diciembre de 1981, el Parlamento confirmó la recuperación del nuevo/viejo Escudo de España. Y poco a poco todas las banderas institucionales (las políticas son otra cosa) tuvieron en la franja amarilla el «nuevo» Escudo de España, hijo natural del que, con pocos cambios, había tenido España desde la monarquía a la República.

Poco después se me encargó la responsabilidad de presidir la compañía de teléfonos de España. La empresa, de propiedad mayoritaria norteamericana, tenía un Escudo redondo con la leyenda «Compañía Telefónica Nacional de España» rodeando un mapa de la península Ibérica. Difícil encontrar un esfuerzo simbólico tan contrario a la realidad: la Compañía no era propiedad de los españoles. En esos años 80 se intenta hacer de verdad a Telefónica una empresa española. Se incorpora (primera empresa española) a la cotización en Wall Street, se presenta a la serie de privatizaciones que tenían lugar en esos momentos en las Telefónicas de América Latina. Y el logotipo, la imagen de empresa, se cambia totalmente: se terminó la voluntaria confusión que entrañaba «Compañía Telefónica Nacional de España» para pasar simplemente a «Telefónica».

Desde el primer momento, todos los participantes en la redacción del «nuevo» Escudo de España tuvimos una obsesión: recuperar con la mayor exactitud los símbolos históricos y tradicionales de nuestra Nación. El mensaje era de permanencia, Historia y continuidad. Y ahí está.

Desde el primer momento, todos los que tratábamos de inaugurar un nuevo logo de Telefónica, estábamos obsesionados con las ideas de modernidad y futuro. Fue muy complejo en esos tiempos y no a todos los poderes les parecía oportuno. Pero se hizo. Y una T digital no ha dejado, desde entonces, de estar cerca de la imagen de Telefónica.

Hoy, felizmente, España fomenta la idea permanente de España con su Escudo. Y Telefónica, con su logo, la imagen de futuro tecnológico que quiere ser.