Escudos y logotipos: la importancia de definir.

| Luis Solana

Este texto va a tener un cierto aire personal, pero -como verá el lector- me resulta casi inevitable.

Uno de los éxitos de cualquier institución del tipo que sea, es que tengan una imagen que permita rápidamente a las gentes conocer qué quiere, por qué lucha, qué vende, qué sueña o cualquier meta que consideren su porqué de existir. Y en esta definición entran desde órdenes religiosas, hasta servicios a la comunidad, hasta negocios y empresas y hasta naciones. Todo grupo humano, del tipo que sea, es muy interesante que se autodefina con una simbología sencilla y comprensible. Así lo han entendido, por ejemplo, las naciones. Y desde hace tiempo, es muy importante para las empresas.

He tenido la suerte de haber vivido de muy cerca las modificaciones del Escudo de España y de la simbología de Telefónica. Un Estado y una empresa. En ambos casos al inicio de la década de los años 80 del pasado siglo.

Seguramente muchos políticos del inicio de la Transición no recuerden que la Constitución que juraron o prometieron tenía una portada con el Escudo de España definido por Francisco Franco. En la Constitución no se habla del Escudo de España (uno de los pactos para evitar problemas) pero todos los textos constitucionales y todas las banderas de España han llevado hasta el inicio de los 80 el Escudo que inventó el Gobierno de F. Franco.

Mi interés por la vexilología (atención a esta ciencia) me había llevado hacía tiempo a creer en la importancia de los símbolos y escudos. Y lo intenté con el de España. Trabajé intensamente y pude un día proponerle al dirigente socialista Alfonso Guerra, la idea y un diseño. Me consta que lo comunicó a un representante del Gobierno de aquel momento, Pérez Llorca, y se aceptó iniciar el procedimiento parlamentario.

El día 18 de Diciembre de 1981, el Parlamento confirmó la recuperación del nuevo/viejo Escudo de España. Y poco a poco todas las banderas institucionales (las políticas son otra cosa) tuvieron en la franja amarilla el «nuevo» Escudo de España, hijo natural del que, con pocos cambios, había tenido España desde la monarquía a la República.

Poco después se me encargó la responsabilidad de presidir la compañía de teléfonos de España. La empresa, de propiedad mayoritaria norteamericana, tenía un Escudo redondo con la leyenda «Compañía Telefónica Nacional de España» rodeando un mapa de la península Ibérica. Difícil encontrar un esfuerzo simbólico tan contrario a la realidad: la Compañía no era propiedad de los españoles. En esos años 80 se intenta hacer de verdad a Telefónica una empresa española. Se incorpora (primera empresa española) a la cotización en Wall Street, se presenta a la serie de privatizaciones que tenían lugar en esos momentos en las Telefónicas de América Latina. Y el logotipo, la imagen de empresa, se cambia totalmente: se terminó la voluntaria confusión que entrañaba «Compañía Telefónica Nacional de España» para pasar simplemente a «Telefónica».

Desde el primer momento, todos los participantes en la redacción del «nuevo» Escudo de España tuvimos una obsesión: recuperar con la mayor exactitud los símbolos históricos y tradicionales de nuestra Nación. El mensaje era de permanencia, Historia y continuidad. Y ahí está.

Desde el primer momento, todos los que tratábamos de inaugurar un nuevo logo de Telefónica, estábamos obsesionados con las ideas de modernidad y futuro. Fue muy complejo en esos tiempos y no a todos los poderes les parecía oportuno. Pero se hizo. Y una T digital no ha dejado, desde entonces, de estar cerca de la imagen de Telefónica.

Hoy, felizmente, España fomenta la idea permanente de España con su Escudo. Y Telefónica, con su logo, la imagen de futuro tecnológico que quiere ser.

 

 

 

Siempre hay alguna esperanza.

| Luis Solana

En estos momentos (largos momentos) donde la desgracia aparece por todos los rincones y alcanza a gentes muy variadas, conozco buenos amigos que han entrado en pesimismo conceptual: hay enfermedad y dolor con pandemia como cruel instrumento; hay desempleo por algo tan elemental como que no hay empleo; faltan clientes para muchas ofertas de casi todo porque los clientes ahora son custodios de lo que tienen y no quieren más; la falta de confianza en el presente se traduce en no tener esperanza en en próximo futuro. Sobre el Futuro con mayúscula las gentes ahora no quieren hablar.

Pero hay indicios de que tendremos futuro, mejoraremos la salud, aumentaremos el empleo y que nuestra vida volverá a ser la normal: alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, ratos mejores y momentos malos. Pero siempre convencidos de que tendremos un futuro mejor. Así ha sido siempre y volverá a ser: tranquilos, hay síntomas de un buen Futuro.

Una pareja de investigadores de origen turco/alemán prestaron atención a una pieza de nuestro organismo de aparente escasa utilidad: el ARN. Y resulta que han descubierto una pieza importante de nuestro Futuro.

Recomiendo la entrevista que publica El Pais del 17 de abril. Unos investigadores triunfadores nos cuentan el futuro que han abierto para nuestra felicidad futura.

Hablan de la evolución del uso del ARN mensajero: el ARNm. Esa parte de nuestro organismo que da instrucciones al ADN para que cumpla con determinadas misiones. Todo natural, todo instrucciones dentro de nuestro cuerpo. Todo sencillo, todo nuevo, todo revolucionario y descubierto cuando más necesario era (es).

Ahora miles de investigadores entrarán en este territorio de Futuro para que el ser humano tenga mejor calidad de vida. Las vacunas tienen ahora otra posible línea de actuación: no inyectes anticuerpos, dale órdenes a tu ARNm que le diga a todo tu ADN que liquide a unos extraños asesinos. Un progreso imponente hacia un Futuro mejor.

Pero claro, si el ARNm puede dar órdenes a nuestras células para que luchen contra invasores, resulta que también pueden ordenar a nuestras células para que cumplan correctamente su cometido y que eso de poner cara cancerosa, nada de nada. Impresionante: la lucha contra el cáncer se vuelve posible y sencilla.

Paciencia, un poco de paciencia, pero tenemos la seguridad de que tenemos un Futuro de Salud mucho mejor de la que sufrimos hoy.

Un Futuro mejor -tened la seguridad- está ya a la puerta.

 

 

Las guerras civiles y las guerras mundiales

| Luis Solana

Los Comuneros de Castilla y el Gobierno Provisional de la II República

Hoy recordamos la proclamación de la II República Española hace 90 años. Hoy deberíamos recordar la derrota de los Comuneros hace exactamente 500 años. Dos derrotas de una parte de España a manos de la otra parte.

Y muertos en cada caso dificiles de olvidar. Es impresionante cómo se olvidan los muertos en las guerras mundiales y cómo cuesta olvidar los de las guerras civiles.

Unos datos aproximados: en la II Guerra Mundial murieron unos 300.000 franceses y unos 5.000.000 de alemanes. Hablo del frente occidental.

Los alemanes y los franceses se entienden estupendamente, hacen homenajes prudentes a sus muertos y colaboran en todo por el progreso de ambos. Nada se olvida, pero el recuerdo de aquellos hechos no es para agredir al otro, sino para encontrar cada día nuevos puntos de encuentro.

Los españoles no olvidamos nuestros dolores producidos por una Guerra Civil. Habrá unos 700.000 muertos de un lado y de otro y de unos castigos y de otros. Aquí la cuestión es debatir (indirectamente, o no) quién tenía razón. Y se suman y se restan los muertos y algunos tratan de dejar enterrados en el anonimato a cierto tipo de muertas/os.

Y la Guerra Civil terminó. Y los ideales de ambas partes andan por ahí. Y se recuerda lo que está lejos del sufrimiento de Europa.

He asistido a grandes y pequeñas manifestaciones en estos tiempos por el recuerdo de la Batalla de Villalar. Los luchadores por las libertades de Castilla fueron ajusticiados por las gentes del rey Carlos V y los recuerdos perduran.

A los españoles nos cuesta infinito olvidar nuestras batallas entre nosotros, pero por ahí una guerra mundial se puede interiorizar con generosidad e inteligencia.

¿No podemos hacer un esfuerzo fraternal unos y otros? Pero requiere empezar por darse la mano unos viejos azules y otros morados. Parece casi imposible, es verdad, pero a nadie le he escuchado ni intentarlo.

Vamos a hablar del futuro.

| Luis Solana

Llevo ya unos días que en los que me sorprende que, todos los medios de comunicación, dediquen horas al pasado y al presente: muy pocas al futuro.

¿Y por qué? Cuanto más complicado y doloroso el presente, más hay que contar a la ciudadanía que hay un futuro que tiene muchos mejores perfiles.

¿Te gusta la diversión colectiva? Espera unos meses: ahora no te precipites, ni te creas que todos los bares y salas de fiestas son de la señora Ayuso; en unos desesperantes meses se habrá vacunado suficiente gente como para que vuelva la vida completa que te gusta. Llevamos algo más de 2.000 años de vida y siempre, siempre los malos tiempos han terminado abriendo tiempos nos buenos,mejores.

Repasa todo y saca conclusiones.

¿Y quién ha sido en todos los momentos el motor de la mejoría y el buscador de soluciones? El ser humano; nosotros.

No tengo duda de que la inmediatez cercana es una tentación para no quitarle la vista de encima. Pero, no puedo entender que no haya ningún periodista que eche un vistazo, de vez en vez, al futuro.

Mientras lloramos o repasamos diariamente estadísticasde dolor, hay mujeres y hombres en los hospitales que pueden contar como la muerte ha bajado en sus salas de intensivos. Mientras nos peleamos por una mascarillas temporales, hay biólogos y biólogas que han creado vacunas en tiempos record y que las están mejorando cada día y cada noche de investigación y ensayo. Mientras rompemos antes de tiempo las normas para poder despedir a un club de futbol, ingenieros e ingenieras marcan las líneas de lo que será nuestro mundo, profundamente comunicado y con apoyo de inteligencia fuera de la humana.

Hay tecnologías que están ya mejorando nuestra vida próxima. Señores periodistas, personas curiosas, preguntad en el CSIC, preguntad en Iberdrola, preguntad en Técnicas Reunidas, preguntad en Telefónica, preguntad en todos los centros ligados al futuro cómo va dibujándose el mundo de pasado mañana.

¿No hay reporteros que nos cuenten las sorpresas que nos esperan desde todas las tecnologías?