«¡Es la guerra, estúpido!»

| Luis Solana

Este fue un eslogan muy repetido durante la campaña electoral del Presidente Clinton, referido a la falta de atención del Partido Republicano a la situación de la economía. Naturalmente el eslogan decía «¡Es la economía, estúpido!», y yo lo he cambiado para insistir en que estamos viviendo una guerra y pareciera que nada de ese estilo ocurriera a nuestro alrededor.

No está siendo fácil entender la estrategia de Rusia en esta Guerra tan sorprendente y tan desigual. Lo «tradicional» entre los seguidores de un conflicto armado es analizar junto con los planos y las noticias del periódico de cada día los avances o los retrocesos en unos «frentes» más o menos bien definidos. En esta guerra eso de los «frentes» no existe: hay zonas de conflicto en función del alcance de los cohetes y de los disparos de los blindados; una mañana pueden bombardear Kiev y al día siguiente avanzar hacia la zona de Odesa.

¿Cuáles son las metas geográficas de esta Guerra? Ni el curioso ni el aficionado pueden sacar conclusiones tras más de 50 días de conflicto. Quede claro que no es «normal» (sí, hasta en las guerras haya cosas «normales» y «anormales», según dónde y cuándo). Lo normal es publicitar objetivos y razones: las razones justifican el horror; los objetivos señalan el cuándo una Guerra se puede terminar. Pues en esta «extraña» Guerra de Ucrania frente a Rusia no tenemos nada concretado sobre metas geográficas. Todavía podemos pensar si el objetivo último es la zona del Donbas, área de histórico ambiente rusófilo y mirar todos los telediarios para ver si por ahí apunta la «victoria» rusa y el fin del conflicto. Pero nada es seguro, ni siquiera que haya unos planes detallados de Estado Mayor ruso que contengan todas las ideas a desarrollar en el campo y en el aire.

Habrá que esperar para que los ciudadanos de a pié podamos asegurar algo sobre el devenir de esta Guerra y sus plazos.

Pero, mientras tanto, resulta muy difícil fijar las posiciones políticas y militares de todo el mundo fronterizo a esta Guerra. Primero de todo ¿nos afecta algo? Si la respuesta es sí, ¿en qué? Y aquí teníamos que tener todos los países un «Gabinete de Valoración y Consejo». No he oído ni la más pequeña noticia sobre este Gabinete (o algo parecido) en nuestra «lejana» patria: España. Sí, he escrito «lejana» entre comillas: el corte de una tubería de petróleo allá por el Este de Europa puede dejarnos temblando de gasolina.

Insisto en que deberíamos de tener una especie de «explicador oficial» (algo parecido a los diversos portavoces oficiales del coronavirus) que nos informase de las consecuencias día a día de lo que pasa en Ucrania, de las consecuencias para nuestra economía y nuestra vida diaria.

Si no queremos presenciar  enfrentamientos sociales frustrantes, haría bien el Gobierno en dotarse de esa «Portavocía sobre la Guerra de Ucrania» y medir, siempre prudentemente, las consecuencias de todo tipo para los españoles.

 

 

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